Cuando en estas fechas bajamos desde la sierra hasta Madinat al-Zahra, el bosque seco y el insoportable ruido de las chicharras, no podemos imaginarnos que en el valle a 45º estuviera la ciudad palacio de los califas de Al-Andalus.
Las piedras hirvientes ocultan decenas de canalizaciones, albercas y tuberias, el esplendor del palacio de los Omeya, sus albercas y jardines, se basaban en un intrincado sistema de transporte del agua. Tuberias de barro y plomo, fuentes con embocaduras de cobre, baños y letrinas convertían al palacio del califa en uno de los más sorprendentes palacios de la edad media.
Las piedras hirvientes ocultan decenas de canalizaciones, albercas y tuberias, el esplendor del palacio de los Omeya, sus albercas y jardines, se basaban en un intrincado sistema de transporte del agua. Tuberias de barro y plomo, fuentes con embocaduras de cobre, baños y letrinas convertían al palacio del califa en uno de los más sorprendentes palacios de la edad media.
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